Ferdinand de Saussure definió el signo lingüístico como la combinación del significante (la imagen acústica) y el significado (su concepto). Si quisiéramos poner un ejemplo el mismo podría ser entonces la palabra niño, el significante sería n + i + ñ + o y el significado sería todas aquellas características comunes a todos los seres humanos de temprana edad que nos permite agruparlos como una clase de personas. O bien, utilizando otro ejemplo, la palabra corrupción. Su significante sería c + o + r + r + u + p + c + i + ó + n y el significado sería todas esas características comunes a este evento peculiar que a todos nosotros nos hace contemplar la realidad actual y encontrar tantas coincidencias con una realidad nunca muy lejana en la Argentina.
¿Cuál es entonces el significado de corrupción si siguiéramos la idea de Saussure? ¿Sobreprecios y facturas truchas en una obra pública? ¿Una bolsa con dinero en un despacho ministerial? ¿Una valija con dinero “de origen desconocido” en un avión donde viajan funcionarios? Sí, eso podría ser significado. De la misma manera que lo podría llegar a ser una pista de aterrizaje en Anillaco, una Banelco para la Reforma Laboral, o las valijas de Amira… ¿Cómo olvidarlas, no?
La actualidad nos obliga muchas veces a perder el hilo de la narración histórica de la Argentina. Sumergidos en este “hoy absoluto” no somos capaces siquiera de meditar un momento lo que nos pasa. La realidad nos es casi ajena. Percibimos el significante y la velocidad nos hace perder el significado.
Percibimos, ese es el término. Recibimos el impulso sensorial de la TV con sus “Cantando”, “Patinando” y “Grandes Hermanos” que nos impactan y aturden con sus significantes pero nos quitan las ganas de interpretar sus significados (aún cuando muchos pseudo-periodistas, cronistas, panelistas o lo que fueren se empeñen en desentramar esas coreografías, exhibiciones y estrategias para ahorrarnos el trabajo). Caemos en un sopor, una “modorra” que nos impide ver correctamente e interpretar lo que en verdad está pasando a nuestro alrededor. Nuestra realidad hoy pareciera no ser tan distante de hace poco más de una década. Los números que “cierran”, “bonanza económica”, “24 cuotas sin interés”, “re-elección”, significados por poco absolutos de que un país marcha sobre rieles.
¿Pero, son estos los verdaderos significados? ¿Cuál es nuestra certeza al respecto si de la misma manera que quien ordena los significados en un diccionario estamos ante quien altera los números en los índices del INDEC? ¿Cuál es la verdadera relación entre significante y significado hoy? ¿La que encontramos en el supermercado frente a la góndola? ¿O la que nos indica el índice oficial de inflación?
Debemos buscar nosotros mismos el significado en la realidad que se nos presenta. Dilucidar entre efectividad y efectismo en las acciones de gobierno. Entre lo que nosotros vemos y lo que nos quieren hacer ver con su constante manipulación del discurso.
Diría John Locke, “la confrontación práctica permite despejar la duda”, no obstante tampoco debería ser necesaria una comprobación como la de santo Tomás (quien toca las heridas de Jesús para cerciorarse que éste efectivamente había resucitado) para darnos cuenta de lo que en verdad está pasando.

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