domingo, 23 de septiembre de 2007

El Nuevo Paradigma.


Thomas Khun publicó a principios de los ’60 La Estructura de las Revoluciones Científicas, y a partir de allí hubo un cambio de perspectiva en el estudio de las ciencias. Hasta ese momento habían prevalecido las explicaciones lógicas de la ciencia, a partir de Kuhn se empezó a tener en cuenta los aspectos históricos, sociológicos y culturales que acompañan su evolución.

Las teorías dominantes bajo las que trabajaban los científicos conforman lo que Khun llamó paradigma, la Ciencia Normal es el estado habitual de la ciencia en la que no se busca una falsación del paradigma, si el número o la importancia de los problemas no resueltos es muy grande sobreviene una crisis y es cuando la ciencia pasa al estado de Ciencia Revolucionaria en la que los científicos ensayan nuevas teorías en busca de un nuevo paradigma. Al momento de aceptarse este nuevo paradigma se ha producido una revolución científica.

Haciendo un repaso histórico los cambios de paradigma son fácilmente reconocibles. A modo de ejemplo, el perfil de la ideología dominante en nuestro país es una imagen muy clara de la existencia de estos cambios; más allá de un cambio de nombres y de roles, producto de una o más elecciones (y en el peor de los casos de uno o más golpes de estado), el rumbo actual de la Argentina sigue lineamientos propios de un nuevo paradigma.

Desde lo económico y social hasta lo intelectual y cultural, el proceso de transformación que afronta hoy la Argentina es una demostración cabal de la búsqueda de imposición de este nuevo paradigma. A citar: el despegarse del FMI y sus lineamientos económicos, la caótica deformación de los partidos políticos tradicionales, la revisión y reivindicación de antiguos pensadores y teóricos de la doctrina política, la aparición en los medios de espacios para el arte y la cultura, además de otros tantos, son todos síntomas en la manifestación del cambio.

Un cambio de rumbo, una nueva dirección, “el cambio del cambio” tal como lo propone la administración actual con la “kandidata” que se presenta con más chances de ser elegida “presidenta”. Casi una paradoja.

Diríamos entonces que este “cambio del cambio” se revela en nuevas formas para intentar sostener el poder. Una asociación transversal en lo político (lo que antes era el Frente para la Victoria ahora suma a los Radicales K), nuevos sociedades en lo económico (chau FMI, hola Venezuela), una menor beligerancia en lo verbal (ahora él es el encargado de pelear, no ella), y un rol más intelectual y sofisticado en la “kandidata” (que la aleja del desapego por el protocolo del actual presidente).

Muchas de estas opciones de suponer inspiradas en Antonio Gramsci, un teórico marxista de origen italiano, que analizaba las dificultades que se plantean en las sociedades avanzadas y cambiantes, en las que la clase gobernante ejerce no sólo el poder militar y político sino también la hegemonía intelectual y cultural. Él en su Teoría de la Hegemonía pretendía demostrar que hay una manera más seductora de ejercer el poder.

La Argentina está entonces ante un nuevo paradigma, un nuevo norte político, un poco más cerca de Antonio Gramsci, pero no mucho más lejos de Nicolás Maquiavelo. ¿Cada día más cerca de un destino K? ¿Tan así?


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